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7 feb. 2011

28º Capítulo

-¡Despierta! ¡Niña!-Alguien me sacudió fuertemente arrancándome de mi sueño. Ya no podía ver los rostros de mis padres, sólo ese horrible lugar donde me tenían prisionera hacía muchos días.- ¡Vamos levántate!

Me puse en pie como pude y miré a la persona que me había levantado cuando aún era de noche. Se me heló la sangre al ver el rostro enfurecido de Megan.

Hacía varios días que ella mostraba un aspecto más terrible que antes. Se podía ver en ese pequeño tic, como guiñando el ojo derecho. O en las profundas arrugas de su frente que parecían haber quedado allí talladas. O quizá, era el hecho de que cada vez que hablaba, su voz destilaba locura y frenesí.

La mujer me tomó de la manó y comenzó a arrastrarme escaleras arriba. Allí pude ver a Jerry, el hombre que había distraído a mi papá para que Megan pudiera secuestrarme, se veía triste o preocupado…

Me miró con rostro afligido y sus ojos parecieron humedecerse un segundo. Sentí pena por él, porque algo lo estaba poniendo muy mal. Por algún motivo, desde que vi a Jerry supe que él no era tan malo, no con conmigo. Y me pareció que él no quería hacerme daño. No supe por qué, pero en ese momento me di cuenta de que me caía bien.

-Por favor, no lo hagas-dijo el hombre con la voz estrangulada- Ella no se lo merece, no tiene nada que ver. No es su culpa.

-Por como yo lo veo, mi venganza tiene sólo un camino. Ahora solo debo decidir si sobrevives conmigo, o si mueres solo.- Se me cortó la respiración al escuchar la palabra “morir”. Con el tiempo que llevaba con ellos, me había dado cuenta de que, si hablaban de muerte, iba en serio.

-Megan, yo… yo no puedo.-El rostro de Jerry se puso pálido.

- ¿Estás seguro?-Megan llevo su mano a la parte de atrás de sus jeans y comencé a sentir un enorme miedo. Jerry me miró rápidamente, y después agregó con voz temblorosa.

-Seguro. Yo no iré contigo, Megan- Ella sonrió y con un tono despreocupado dijo:

-Entonces, es una despedida.- En un movimiento rápido saco un arma de la parte de atrás de sus jeans y sin dudarlo ni un segundo le disparo a Jerry.-Hasta nunca.

Dejé escapar un grito y miré horrorizada el cuerpo del hombre. Luego mi vista se posó en la desquiciada expresión de Megan.

-Tú vienes conmigo.-dijo tomándome del cabello y arrastrándome afuera.

-¡Suéltame!-gritaba desesperada aunque sabía que no iba a servir de nada.

-Tu madre se creyó muy lista ¿verdad? Me robó a mi novio y luego jugaron juntos a la familia feliz ¿verdad?-dejó escapar una risa maniática. Estaba completamente fuera de sí.- Y ahora creen que podrán encontrarme y detenerme. ¡NUNCA!-y volvió a soltar una carcajada.- Ahora ellos verán lo que yo puedo hacer...-dijo casi en un susurro.

Subimos al auto y Megan comenzó a conducir demasiado rápido para una persona normal, comencé a temer lo que pudiera hacer, se veía realmente trastornada.

-Vanessa te quedas aquí.-dijo Zac con vos firme.

-Nunca. Allí está mi niña, iré en su busca así tenga que encadenarme al auto.- Estaba decidida y nada en el mundo podría haberme hecho desistir.

-Pero, Ness…- Zac me miraba desesperado. Yo sabía en qué pensaba, no quería que ni yo ni nuestro hijo nos expusiéramos a cualquier peligro.- Por favor, quédate, por el bebé…

-¡Anne también es mi bebé! ¡No pienso dejarla sola! Iré contigo te guste o no.- Zac suspiró y me abrió la puerta del auto.

-Quiero que te quedes en al auto, por si llega a haber… problemas.-Asentí, después de todo era una condición accesible.

Primero fuimos a la estación de Policía. Allí nos llevaron a una de las oficinas para mostrarnos al sospechoso. Si Zac lo reconocía, iríamos a la casa de ese hombre.

-Esperen un momento.- Nos dijo el oficial mientras rebuscaba en una carpeta con papeles y fotos.- Aquí esta.- Tomó la foto del hombre y mientras nos la mostraba preguntó:- Señor Efron, ¿es éste el hombre que vio en el desfile?

-Es él.-dijo Zac con voz entrecortada por el odio. Por mi parte no pude decir nada y si hubiera querido decir algo, el nudo en mi garganta no lo habría permitido.

Ese rostro, esa expresión de alcohólico que yo conocía tan bien… esos ojos verdes-marrones tan extraños… Detuve a mi mente antes de que las lágrimas salieran de mis ojos. Tal vez solo era un hombre que se parecía mucho… a parte había sucedido hacía 6 años, tal vez el rostro no era tan así… Y bueno, tal vez los ojos no eran los mismos, tal vez solo los veía así porque estaba asustada…

-Vanessa, ¿estás bien?- Zac me rodeaba con un brazo. Me di cuenta de que tenía los ojos cerrados y una lágrima comenzaba a asomarse por mi mejilla.

-Sí, es solo que… quiero a mi niña de vuelta.- Zac me abrazó con fuerza.

-Bien, -continuó el oficial- Ahora que tenemos identificado al hombre iremos a su casa. Hemos estado investigando en la zona, y varias personas han identificado a la sospechosa, Megan. Por lo que ya podremos pedir la orden del juez para allanar la casa. Lo más probable es que llegué esta noche. ¿Vendrán con nosotros?

-Sí.-respondí firmemente. Zac me miró suplicante, pero yo no daría el brazo a torcer.

-Sí, iremos los dos.-confirmó Zac.

El policía pasó a explicarnos las normas de seguridad. Iríamos escoltados por la policía y nos detendríamos en la esquina de la calle. No podríamos bajar hasta que tuvieran detenidos a ambos delincuentes.

-Saldremos tarde, cerca de las 11 de la noche. Necesitamos esperar la orden del juez que llegará aproximadamente a esa hora. Tienen dos opciones, quedarse aquí en la estación o volver a su casa y regresar a las 10.

-Volveremos a nuestra casa.-dijo Zac. El policía nos hiso firmar unos papeles y pudimos marcharnos. Ahora sólo deberíamos esperar hasta la hora dicha para buscar a nuestra hija.

Luego de varios intentos de disuadirme de ir, nos encontrábamos en nuestro auto, escoltados por dos autos de policía, camino a la casa donde tenían secuestrada a mi hija.

Quedamos detenidos en el lugar dónde nos habían indicado. Los motores en marcha y todo preparado para una posible fuga. Yo rezaba porque todo saliera bien y porque tuviera a mi hija conmigo unos minutos después.

Vi desde la ventana del auto como los policías golpeaban la puerta. Al no recibir respuesta la tiraron abajo. Luego de unos minutos en los que no respiraba los oficiales salieron gritando algo a sus compañeros. Presa del pánico, bajé la ventanilla para saber que decían.

-¡Una ambulancia! ¡Urgente! ¡Está al borde! ¡Rápido!-me puse pálida y con manos piernas temblorosas bajé del auto y comencé a correr hacia la casa. Las lágrimas caían como torrentes por mis ojos. Al momento escuché los pasos de Zac detrás de mí. Sabía que quería detenerme, pero no podría hacerlo.

Esquivando y empujando policías entré de sopetón a la casa y me quedé paralizada a los pocos pasos. Allí, sobre el sofá, había un hombre moribundo. Con un gran manchón de sangre en su hombro y toda la remera teñida de rojo. Su piel se veía pálida y mortecina, sus ojos estaban amoratados por la falta de sangre, y aún así pude reconocerlos.

Más temblorosa que antes me acerqué a él. Su respiración era irregular, su pecho se inflaba y por momentos se quedaba inmóvil pero nada de eso permitió que mi odio se aplacara.

Nuevas lágrimas, esta vez de rabia, recorrieron mis mejillas. Todas mis emociones se arremolinaron en mi cabeza y mi corazón. Mis puños se cerraron con fuerza y mi cuerpo solo pedía que golpeara a ese hombre medio muerto que se encontraba frente a mí. Mi garganta pedía gritos, mis oídos oírlo sufrir y mis ojos ver pagar todo el sufrimiento que tuve que atravesar.

-¿¡Por qué diablos tenías que ser tu!?- el grito salió involuntariamente de mi boca. Pero fue suficiente para que el hombre abriera los ojos en un momento de conciencia.

-¿Quién eres?-su voz débil, casi sin volumen, delataba la muerte que se acercaba a él con paso sigiloso.

-¡No me reconoces! Claro que no. Si por aquel entonces apenas tenía dieciséis años ¡Dieciséis! Pero seguramente ni siquiera recuerdes esa noche. Estabas tan alcoholizado que no habrías recordado si un coche te pasada por encima ¿verdad?

-No entiendo…-sus ojos se enfocaron mi rostro. Una hispa de reconocimiento brillo en ellos y luego con su voz temblorosa agrego.- Eres… la madre de la niña. La que Megan… tú eres su madre…

-¡Y TÚ ERES SU PADRE!- no podía más, era un hablé ahora o calle para siempre, era lo que venía deseando decir desde que supe que estaba embarazada.

Pero es el hombre no se esperaba eso.

Unos ojos se abrieron como si le hubieran revelado el secreto más grande de la humanidad. Y al momento la incertidumbre se pinto en su rostro al igual que la confusión.

-Yo no…

-¡Cállate!-toda la furia que había guardado dentro de mí, todo ese malestar que mantenía dentro mío se desbordaba por cada poro de mi ser.- Hace casi siete años fuiste a emborracharte Dios sabrá dónde y saliste de ese lugar alcoholizado a más no poder. Te encontraste con una inocente niña de 16 años que ya tenía una vida difícil. ¡Y abusaste de ella! Luego la dejaste tirada en un callejón y desapareciste. Pero no del todo. Dos meses después, esa niña descubrió que estaba embarazada de un violador y tuvo que huir de casa. ¡ESA NIÑA ERA YO! ¡Arruinaste mi vida más aún si era posible! Y aunque amo a mi hija odio tener que reconocer quien es el padre. Odio mirarla y recordar un momento horroroso de mi vida. ¡Odio que tú seas parte de mis recuerdos! ¡Y AHORA SECUESTRAS A MI NIÑA! ¿¡Qué diablos ganas quitándomela!? ¿¡Que quiere hacer Megan con ella!? ¡RESPONDEME!.

El hombre aún se veía aturdido, pero sabía muy bien que lo que yo le decía era probable, posible y cierto. No parecía poder formular palabra solo mirarme al rostro sin verme en realidad y dejar que cada vez odiara más esos malditos ojos verdes que se volvían marrones cerca del iris.

-Megan… quiere matarla-Mi rostro palideció súbitamente.- Están en una casa, en las afueras… es, es una pequeña cabaña… Calle Rosemary, 639… Rápido… está loca…-su voz se fue a pagando.- Lo siento.-dijo mirándome fijamente.

-Acepto tus disculpas.- dije con voz fría y monocorde para luego agregar en un tono un poco nostálgico- Sólo porque Anne es una niña maravillosa.

-Lo sé.-Esbozó una pequeña sonrisa y sus ojos volvieron a cerrarse. Su respiración volvió a ser irregular pero cada vez más leve. Una última lágrima rodo por su mejilla.

Y el padre de Anne falleció.

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holiis! si lo sé, ya estan preparando la hoguera para mtarme...
LO LAMENTOO!
es que mis padres me llevaron de vacaciones dos semanas, A CORDOBA!
y en el lugar donde estabamos no había internet
y el cyber más cercano estaba a 30 minutos en auto!!
pero como sea, espero que les haya gustado el capi...
lo he reescrito unas tres veces...
bueno chicas, recuerden que va quedan muuuuuy poco para el fin de la historia...
las quiero muchisimo!
y gracias a todas por sus comments...
besooos!
florgi